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La otra noche, cuando salimos del cine, nos fuimos a tomarnos algo a un bar. En un momento dado empezamos a hablar de porqué nos gustaban los idiomas. Mariu dijo que a ella le gustaba el italiano porque siempre ha pensado que, en otra vida, fue italiana y Rosi, la amiga de Francesco, coincidía con ella respecto al árabe. Esta apreciación me pareció curiosa, sobre todo porque últimamente me sorprendo a mí misma pensando en cosas de este tipo muy a menudo y se están sucediendo una serie de coincidencias que, cuando menos, me hacen reflexionar sobre este tema. Y es que recientemente he conocido a algunas personas que, sin el más mínimo esfuerzo, se han instalado en mi vida con una facilidad impresionante, como si hubiese tenido el hueco hecho para ellas. Tengo la sensación de que nos conociésemos de toda la vida. Todo esto en un momento en el que estoy afrontando una serie de frustraciones y admitiendo que algunos de mis sueños son inalcanzables… al menos en esta vida, que es lo que me digo para consolarme, porque quiero pensar que tendré otra oportunidad… quien sabe cuando. Así que, sumida en este discurso, hace algunos días cayó en mis manos un libro que se titula “La próxima vez” del autor francés Marc Levy, que precisamente trata de este tema, de la posibilidad de algunas almas de vivir una y otra vez y el hecho de que se busquen y se puedan rencontrar en todas las vidas. En fin, no pretendo hacer una crítica pero debo decir que, si bien al principio me pareció muy sugerente, poco a poco va introduciendo elementos que, en mi opinión, arruinan el buen propósito. Quizás me esperaba una historia más verosímil. No obstante, la lectura es amena.

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L’altra sera, quando siamo usciti dal cinema, siamo andati a bere qualcosa in un bar. Ad un certo punto abbiamo cominciato a parlare del perché ci piacessero le lingue straniere. Mariu ha detto che a lei piace l’italiano perché sempre ha pensato che in un’altra vita lei era italiana e Rosi, l’amica di Francesco, pensava la stessa cosa riguardo all’arabo. Questa interpretazione mi è sembrata curiosa, soprattutto perché ultimamente mi sorprendo a fare questo genere di pensieri molto speso, e sta accadendo una serie di coincidenze che, almeno, mi fanno riflettere proprio su questo argomento. Ed è che recentemente ho conosciuto alcune persone che, senza il minimo sforzo, si sono trovate nella mia vita con una facilità impressionante, come se avessi avuto in me uno spazio fatto apposta per loro. Ho la sensazione di conoscerle da tutta la vita. Tutto questo in un momento in cui sto affrontando una serie di frustrazioni e ammettendo che alcuni dei miei sogni sono irraggiungibili… almeno in questa vita, che è ciò che mi dico per consolarmi, perché voglio pensare che avrò un’altra opportunità… chissà quando. Cosicché, immersa in questo discorso, qualche giorno fa è caduto nelle mie mani un libro che si intitola “La prossima volta” dell’auture francese Marc Levy, che parla esattamente di questo argomento, cioè della possibilità di alcune anime di vivere più volte e del fatto che si cerchino e si possano ritrovare in tutte le vite. Comunque, non pretendo di farne una critica ma devo dire che, sebbene al principio mi sembrasse molto suggerente, pian piano comincia a introdurre elementi che, secondo me, ne rovinano il buon proposito. Magari mi aspettavo una storia più verosimile. Nonostante tutto, la lettura è piacevole. 

la prossima volta

Soy una estatua de barro. Ayer mis músculos húmedos soñaban que de un momento a otro empezarían a moverse y a caminar y que con un mínimo esfuerzo atravesaría el continente y los océanos y que llegaría a la cima de las montañas más altas. Hoy sigo soñando, pero tengo sed.

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Sono una statua di fango. Ieri i miei muscoli umidi sognavano che da un momento all’altro avrebbero cominciato a muoversi ed a camminare e che con un minimo sforzo avrei attraversato il continente e gli oceani e che sarei arrivata alla cima delle montagne più alte. Oggi continuo a sognare, ma ho sete.

estatua

Ayer fue un día claro y caluroso, la luz intensa iluminaba las calles, hasta el punto de cegarme. Fuera de mí intuía un mundo que marchaba ágilmente, pero yo me sentía alejada de todo y me perdía en los senderos angostos de mi pensamiento. En cambio hoy, el día amaneció medio nublado y una luz tenue ha vestido de dramatismo el aire y las colinas y los caminos. Con una sonrisa en la mirada he cogido mi cámara de fotos y he salido a pasear. Este es mi paisaje.

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Ieri era un giorno chiaro e caldo, la luce intensa illuminava le strade, fino al punto di accecarmi. Fuori di me intuivo un mondo che marciava agilmente, ma io mi sentivo lontana da tutto e mi perdevo per gli angusti sentieri del mio pensiero. Invece oggi, il giorno si è svegliato un po’ nuvoloso e una luce tenue ha vestito di dramma l’aria e le colline e le strade. Con un sorriso nello sguardo ho preso la mia macchina fotografica e sono andata a fare una passeggiata. Questo è il mio paesaggio.

trigo
trigo
camino

Capita in alcune giornate fortunate, di trovarsi in un mare pieno di colori e di scoprire che le idee si mettono a cavalcare le onde. Allora, le vedi che girano e saltano e si rincorrono. E tra gli spruzzi, senti le voci che parlano di foto e colori e soprattutto di cambiamento. Perchè, si sa, e chi non lo sa farebbe meglio ad impararlo, le idee cavalcano le onde per rincorrere il cambiamento. Può capitare di cambiare semplicemente taglio di capelli, oppure di cambiare ristorante, o magari di cambiare città. Ma quando le idee cominciano a cavalcare, puoi star certo che qualcuno, da qualche parte, in qualche modo si sta lasciando trascinare dal cambiamento.
Oggi le ho viste le onde.
E le vedo anche adesso.
Così mi fermo qui, sulla riva, e in silenzio aspetto.
Cosa aspetto, dite voi. Di vedere in lontanza qualcuno che magari riposava o camminava o guardava appoggiato al davanzale della finestra e che all’improvviso si alza, si volta e comincia.
Comincia a cavalcare il cambiamento.

E l’inizio del cambiamento, anche se può non sembrare, vuol dire già aver vinto.

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Ocurre, en algunos días afortunados, que nos encontramos en un mar lleno de colores y descubrimos que las ideas se ponen a cabalgar sobre las olas. Entonces las ves que giran y saltan y se persiguen. Y entre las salpicaduras oyes las voces que hablan de fotos, de colores y sobre todo de cambios. Porque, se sabe, y quien no lo sabe haría bien en aprenderlo, las ideas cabalgan las olas para perseguir el cambio. Puede que sea simplemente un corte de pelo, o un cambio de restaurante o tal vez un cambio de ciudad. Pero cuando las ideas empiezan a cabalgar, puedes estar seguro de que alguien, en algún lugar, de algún modo se está dejando arrastrar por el cambio.
Hoy he visto las olas.
Y las veo ahora también.
Así que me paro aquí, en la orilla, y en silencio espero.
Qué cosa espero, diréis vosotros. Ver en la lejanía a alguien que tal vez descansaba o que caminaba o que miraba apoyado en la ventana y que de repente se levanta, se da la vuelta y comienza.
Comienza a cabalgar en el cambio. 

Y el principio del cambio, aunque pueda parecer que no sea así, quiere decir ya haber ganado.

Io ho un’amica, un’amica speciale.
Quando parla qualche volta le parole suonano strane, come se la mia lingua in bocca a lei diventasse una specie di musica. Molto spesso mi manca, perchè vive in un paese al di là del mare, ma poi, a pensarci bene, è vicina vicina, tanto che quando la leggo tra le righe di una mail , la sento dietro di me che sorride e le vedo gli occhi farsi luminosi e piccoli, tutti felici e sognanti.

Io ho un’amica, dicevo. E non è da tutti averne una così, perchè la fortuna più grande è trovare un’anima diversa e speciale, in un mare di persone tutte uguali.

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Yo tengo una amiga, una amiga especial.
A veces cuando habla, las palabras suenan extrañas, como si mi lengua en boca suya se convirtiese en una especie de música. Muy a menudo la echo de menos, porque vive en un país más allá del mar, pero luego, si lo pienso bien, está cerca cerca, tanto que cuando la leo entre las líneas de un e-mail, la siento detrás de mi que sonríe y veo sus ojos hacerse luminosos y pequeños, todo felices y soñadores. 

Yo tengo una amiga, decía. Y no todos tienen la dicha de tener una así, porque la suerte más grande es encontrar un alma diferente y especial en un mar de personas todas iguales.